Archivo de la categoría: Tristan Tzara

Nació en Moinesti, Rumania, el 4 de abril de 1896.
Su verdadero nombre parece ser Samy Rosenstock aunque Tzara lo negó rontundamente.
En 1916 encontrándose en Zürich, fundó con el judío rumano Marcel Janco, los alemanes Hugo Ball y Huelsenbeck, y el alsaciano Arp, el movimiento Dada. Publicó diversos números de la revista «Dada» cuya influencia fue muy notoria en Alemania y posteriormente en Francia.
En 1919 llegó a París, donde estableció el centro del movimiento dadaísta con los colaboradores de «Littérature» : Breton, Aragon, Soupault, Picabia y Jacques Rigaut entre otros.
En 1922 se distanció de Breton y sus amigos, que empeñados en una obra más constructiva desembocarían en el surrealismo.
En 1929 se reconcilió con los surrealistas hasta 1935, fecha en la que se separó definitivamente para adherir a la política del partido Comunista. Falleció en 1963.

Poema mundano

Poema mundano, cómo vivir nuestra vida -pregunta-

Estoy aburrido, soy la tierra rotulada en el otoño

y la literatura es el gusano que roe el camino subterráneo

por donde vendrá el agua para nutrir la cosecha del verano.

Fotografía empolvada sobre el piano y encontrada viva después

en la provincia donde los padres daban clase

para conservar la fe -ha pensado que es mejor venir

a la gran ciudad con fiestas para la enajenación de la conciencia.

 

Mi alma: una mujer mundana que sale con cualquiera

Las mozas no son fieles, ni los violines son verdaderos

Bailarinas flores derrumbadas bailarinas trasegadas

muéstranos el secreto despojado de las hojas de algod6n.

 

En el escenario silencio mujer desnuda, en la sala embarazo, pero

ni menos un pensamiento que te duela, ni un actor que se muera

El negro de la luna desciende (deleitosamente) como el gorrión sobre un violín

y si lo quieres, amada mía, si lo quieres te pagaré un capricho

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Tabiques estancos

 

Ha girado en torno al faro el nimbo de los pájaros azules…

Ha girado en torno al faro el nimbo de los pájaros azules

en las mitades de la oscuridad taladrando la lejanía de los barcos

y se han caído al agua cual cenizas de arcángeles

Se ha alterado el pan y la flor

En las leproserías yacen como gavillas nuestros amigos

Tú sigues cosiendo sola pensamientos para tu hijo

Solamente el tren arrastra sus vapores

Animal malherido que corre, destripado

He sembrado en tu cuerpo, amada, la flor…

He sembrado en tu cuerpo, amada, la flor

que esparcirá pétalos sobre tu cuello, mejillas y manos

y hará brotar mañana tus senos -primavera

Me gustan las cejas y tus ojos con destello de metales

y los brazos que ondulan como las serpientes, las olas, el mar

 

De tu cuerpo quisiera levantar palacios, arquitectónicos jardines

y terrenales paraísos monumentales

Quiero enterrarme en sus tierras cuando me muera

Quiero enterrarme en tu carne cuando me muera

 

En tu cabello siento el olor de los racimos de naranjas

En tus ojos anublados veo sol y en los labios ganas de comer

Con tus dientes querrás Cortar carne del alma

querrás cambiar las uñas en garras

 

Quisiera morder tus senos como muerden el pan

Los hambrientos que mendigan monedas en la calle

Quisiera que florecieran en tus miradas jardines arquitectónicos

Alinear tu pensar a los sueños terrenales, mamie.

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En su profundo recuerdo

Pero no hablemos más de los que están unidos

A las frágiles ramas a los malos humores de la naturaleza

Aquellos incluso que sufren los golpes duros

Tienden la nuca y en la alfombra de sus cuerpos

Suenan las botas rígidas de los conquistadores

Ellos han salido de mi memoria

Los pájaros buscan otros primaverales empleos

En sus cálculos remunerados

Por rebaños deliciosos de enloquecimientos

Con el viento en sus talones

Que el desierto les sea contado

Al diablo las delicadas advertencias

Las diversiones amapolas y compañía

El frío escarba

El miedo sube

El árbol se seca

El hombre se agrieta

Los postigos golpean

El miedo sube

Ninguna palabra es bastante tierna

Para traer de nuevo al hijo de los caminos

Que se pierde en la cabeza

De un hombre al borde de la estación

Él mira la bóveda

Y mira al abismo

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Elegía

El alma vieja, amada, quieres que sea como las flores del verano

durante el invierno los pájaros están encerrados en sus jaulas

 

Te quiero como espera la colina el cuerpo del valle

o como la tierra espera la lluvia espesa y fértil

Te espero en todos los atardeceres en la ventana, deshilando abalorios

colocando los libros, leyendo mis versos

Y ahora me alegro cuando en el patio ladran los perros ladran los perros

y cuando llegas para quedarte conmigo hasta mañana hasta mañana

 

Mi alma feliz es como nuestro cuarto cálido

cuando sé que está nevado y las calles se visten de blanco.

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Agua salvaje

 

los dientes hambrientos del ojo

cubiertos de hollín de seda

abiertos a la lluvia

todo el año

el agua desnuda

oscurece el sudor de la frente de la noche

el ojo está encerrado en un triángulo

el triángulo sostiene otro triángulo

 

el ojo a velocidad reducida

mastica fragmentos de sueño

mastica dientes de sol dientes cargados de sueño

el ruido ordenado en la periferia del resplandor

es un ángel

que sirve de cerradura a la seguridad de la canción

una pipa que se fuma en el compartimiento de fumadores

en su carne los gritos se filtran por los nervios

que conducen la lluvia y sus dibujos

las mujeres lo usan a modo de collar

y despierta la alegría de los astrónomos

 

todos lo toman por un juego de pliegues marinos

aterciopelado por el calor y el insomnio que lo colora

 

su ojo sólo se abre para el mío

no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo mira

y me deja en estado de respetuoso sufrimiento

allí donde los músculos de su vientre y de sus piernas inflexibles

se encuentran en un soplido animal de hálito salino

aparto con pudor las formaciones nubosas y su meta

carne inexplorada que bruñen y suavizan las aguas más sutiles

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